España se desperezó el pasado día 3 sabiendo de una nueva crisis en el Partido Popular, esa formación política que parece querer ser la eterna "suplente" del PSOE por el poder ejecutivo en España.
Y es que, haciendo honor a la imagen furibunda que quedó de él tras la maledicente campaña que los socialistas lanzaron en un famoso, reprobable y chabacano vídeo electoral,* Francisco Álvarez Cascos ha pegado la "espantá" y se ha revuelto, como cánido acosado, contra la ejecutiva nacional de su partido, asegurando que ha sido maltratado y ninguneado. Pero en el Nibelheim creemos que, en el fondo, todo se reduce al hecho de que no ha conseguido salir como candidato a la presidencia de la comunidad autónoma de Asturias (patria querida). Lo cierto es que quien fuera todopoderoso Secretario General del PP no sólo ha abandonado la militancia en dicha formación política, sino que ha hecho declaraciones que más de uno interpretan como la declaración fundacional de un nuevo partido asturiano (¿quizá, incluso, asturianista?) que podría hacerle la competencia al que le había acogido hasta esa fecha.
En fin, Serafín. Tengo para mí que los miembros relevantes del PP aún tienen que hacer muuuuuuuuuuuchas patochadas más antes de que concluya la legislatura... Y si no, ya lo verán. Son especialistas en ello. Especialmente cuando las cosas les van bien y las tienen a huevo —que hablando en términos políticos es como decir cuando las encuestas dan como favorito a su partido—, siempre viene sale alguien dispuesto a plantar la cagadita inconveniente.
Y es que, como pueden comprobar, Alberto Ruiz Gallardón no está solo en esa tarea de zapa (lenta, pero inexorable y segura) que suelen acometer los líderes del PP contra su propio partido: Elorriaga, Costa, Camps, ahora Álvarez Cascos...
Siempre he pensado que esto se halla relacionado con un defecto intrínseco del liberalismo; con una tara propia de quienes creen que la libertad del individuo ha de estar por encima de cualquier otra cosa. Incluso de la militancia en un partido. En definitiva: se trata de algo llamado "individualismo" galopante. Y es que, como en el PP todos son tan liberales, aunque no lo reconozcan, pues no hay manera de ponerse de acuerdo para lavar los trapos sucios en casa y en silencio, como corresponde a las familias bien avenidas. Pareciera como que les resulta imposible formar detrás del líder (discutido, eso sí) sin rechistar.
En los partidos de izquierda, sin embargo, parece que hubiera un mayor espíritu grupal, de autoconvencimiento doctrinario, de militancia quasi religiosa y un tanto sacerdotal que roza muchas veces el sectarismo más descarnado. Quizá todo esto hace que la militancia se quede quieta por si acaso no sale en la foto (ya saben...). Y si uno se mueve más de la cuenta, pues se le marca y se le liquida social y "reputacionalmente" (si me permiten el feo neologismo), como bien sabemos por ejemplos famosos.
Verán ustedes. Empezaré recordándoles que Álvarez Cascos se ha marchado del PP y no lo ha hecho precisamente de buenas maneras, pues ha sido criticando a la dirección del partido. Sin embargo, de esta última no ha salido una sola palabra en contra del díscolo ex-dirigente. Al menos de manera expresa e injuriosa. ¿Qué ha ocurrido, sin embargo, con Antonio Asunción en cuanto ha planteado públicamente una fuerte queja —ha hablado de "pucherazo"— por el modo en que discurrieron las primarias en Valencia, a las que concurrió como candidato y que ha perdido? Sus propios compañeros, sin perder un instante, han comenzado a lanzar insidiosas y gravísimas injurias contra uno de los pocos políticos que en toda la historia de la democracia —en toda la historia de España, me atrevería a decir— asumió su responsabilidad por la fuga de Luis Roldán y presentó la dimisión como Ministro del Interior. Por el solo hecho de haberle visto cenar con Esteban González Pons, sus propios compañeros socialistas han lanzado una campaña de difamaciones contra Asunción, al que acusan de conspirar con el PP de Francisco Camps para cerrarle la supuesta victoria electoral al fracasado Jorge Alarte, que tiene menos posibilidades de ganar en Valencia que Paris Hilton de dormir debajo de un puente. Y para ello no han dudado en sembrar dudas sobre la solvencia económica de las empresas de Asunción, dando a entender que había buscado el apoyo del PP valenciano para obtener créditos blandos y facilidades fiscales que le ayudasen a sobrellevar dichas dificultades. Asunción ha hablado de "purgas estalinistas" y también hecho público, no obstante que tiene pensado adoptar medidas legales contra quienes le han difamado de ese modo.
¿Y el caso de Rosa Díez? ¿Lo recuerdan? Éste es aún más gráfico y paradigmático que el de Asunción. Sobre todo si pensamos que dicha dirigente política nunca ha dejado de defender los postulados clásicos e históricos del PSOE, habiendo sido éste —por obra y gracia de su Gran Demiurgo Rodríguez Zapatero— quien los ha abandonado y se ha puesto a favor del viento para escorarse en una dirección que ha trastocado por completo el equilibrio político en nuestro país.
Así pues, lo que en un lado del espectro ideológico es "disidencia", pasa a ser "traición" en el otro.
Pero volvamos a lo de Álvarez Cascos. Su problema, como antes el de otros muchos líderes —me vienen ahora a la memoria los de Paco Camps o Miguel Sanz, pero podríamos tomarlos de otros partidos también—, encuentra justificación y acomodo en el nefasto sistema de organización territorial que padecemos los españoles desde la Constitución de 1978. La tontuna generalizada, la miopía creciente, el egoísmo personalista y el divismo desaforado que imperan entre la mayoría de nuestros políticos —cada vez más mediocres en mayor número de partidos— se ven potenciados, además, por el insostenible, voraz e insolidario sistema autonómico que ha ido creciendo, como un maligno tumor, en las vísceras del Estado-nación. Sistema gracias al cual se favorece el surgimiento de minúsculos feudos de poder regional disgregador y la inflación de gigantescos egos personales que se hallan en relación inversamente proporcional a la valía de quienes los ostentan: es decir, cuanto menos (valgo), más (me creo).
Más jacobinismo centralizador y menos centrifugismo territorial es lo que yo propongo (aun a sabiendas de que no está de moda, ni mucho menos, decir esto, y de que el tinglado se ha hecho tan complejo que resultaría dificilísimo desmontarlo. Pero si lo consiguiéramos, no duden ustedes de que íbamos a ahorrarnos no sólo una buena cantidad de euros o más de un grave disgusto proveniente de los nacionalistas, sino también el lamentable espectáculo de este divismo político periférico.
Y entretanto, el de la Moncloa —como el rabo de una lagartija, más que como el Ave Fénix— seguro que es capaz de aprovechar esta coyuntura y las que hayan de venir para coger fuerzas, "regenerarse" y enderezar un tanto esas encuestas adversas que le recuerdan, como al general romano vencedor, que Él también es mortal.
Nada podrá evitar ya la decadencia del Gran Demiurgo, pero es indudable que de aquí a marzo del 2012 el PP terminará consiguiendo que aquélla sea mucho más dulce... Y es que con tal de contentar a todo el mundo, Mariano Rajoy y sus muchachos no saben ya qué hacer...
Y es que, haciendo honor a la imagen furibunda que quedó de él tras la maledicente campaña que los socialistas lanzaron en un famoso, reprobable y chabacano vídeo electoral,* Francisco Álvarez Cascos ha pegado la "espantá" y se ha revuelto, como cánido acosado, contra la ejecutiva nacional de su partido, asegurando que ha sido maltratado y ninguneado. Pero en el Nibelheim creemos que, en el fondo, todo se reduce al hecho de que no ha conseguido salir como candidato a la presidencia de la comunidad autónoma de Asturias (patria querida). Lo cierto es que quien fuera todopoderoso Secretario General del PP no sólo ha abandonado la militancia en dicha formación política, sino que ha hecho declaraciones que más de uno interpretan como la declaración fundacional de un nuevo partido asturiano (¿quizá, incluso, asturianista?) que podría hacerle la competencia al que le había acogido hasta esa fecha.
En fin, Serafín. Tengo para mí que los miembros relevantes del PP aún tienen que hacer muuuuuuuuuuuchas patochadas más antes de que concluya la legislatura... Y si no, ya lo verán. Son especialistas en ello. Especialmente cuando las cosas les van bien y las tienen a huevo —que hablando en términos políticos es como decir cuando las encuestas dan como favorito a su partido—, siempre viene sale alguien dispuesto a plantar la cagadita inconveniente.
Y es que, como pueden comprobar, Alberto Ruiz Gallardón no está solo en esa tarea de zapa (lenta, pero inexorable y segura) que suelen acometer los líderes del PP contra su propio partido: Elorriaga, Costa, Camps, ahora Álvarez Cascos...
Siempre he pensado que esto se halla relacionado con un defecto intrínseco del liberalismo; con una tara propia de quienes creen que la libertad del individuo ha de estar por encima de cualquier otra cosa. Incluso de la militancia en un partido. En definitiva: se trata de algo llamado "individualismo" galopante. Y es que, como en el PP todos son tan liberales, aunque no lo reconozcan, pues no hay manera de ponerse de acuerdo para lavar los trapos sucios en casa y en silencio, como corresponde a las familias bien avenidas. Pareciera como que les resulta imposible formar detrás del líder (discutido, eso sí) sin rechistar.
En los partidos de izquierda, sin embargo, parece que hubiera un mayor espíritu grupal, de autoconvencimiento doctrinario, de militancia quasi religiosa y un tanto sacerdotal que roza muchas veces el sectarismo más descarnado. Quizá todo esto hace que la militancia se quede quieta por si acaso no sale en la foto (ya saben...). Y si uno se mueve más de la cuenta, pues se le marca y se le liquida social y "reputacionalmente" (si me permiten el feo neologismo), como bien sabemos por ejemplos famosos.
Verán ustedes. Empezaré recordándoles que Álvarez Cascos se ha marchado del PP y no lo ha hecho precisamente de buenas maneras, pues ha sido criticando a la dirección del partido. Sin embargo, de esta última no ha salido una sola palabra en contra del díscolo ex-dirigente. Al menos de manera expresa e injuriosa. ¿Qué ha ocurrido, sin embargo, con Antonio Asunción en cuanto ha planteado públicamente una fuerte queja —ha hablado de "pucherazo"— por el modo en que discurrieron las primarias en Valencia, a las que concurrió como candidato y que ha perdido? Sus propios compañeros, sin perder un instante, han comenzado a lanzar insidiosas y gravísimas injurias contra uno de los pocos políticos que en toda la historia de la democracia —en toda la historia de España, me atrevería a decir— asumió su responsabilidad por la fuga de Luis Roldán y presentó la dimisión como Ministro del Interior. Por el solo hecho de haberle visto cenar con Esteban González Pons, sus propios compañeros socialistas han lanzado una campaña de difamaciones contra Asunción, al que acusan de conspirar con el PP de Francisco Camps para cerrarle la supuesta victoria electoral al fracasado Jorge Alarte, que tiene menos posibilidades de ganar en Valencia que Paris Hilton de dormir debajo de un puente. Y para ello no han dudado en sembrar dudas sobre la solvencia económica de las empresas de Asunción, dando a entender que había buscado el apoyo del PP valenciano para obtener créditos blandos y facilidades fiscales que le ayudasen a sobrellevar dichas dificultades. Asunción ha hablado de "purgas estalinistas" y también hecho público, no obstante que tiene pensado adoptar medidas legales contra quienes le han difamado de ese modo.
¿Y el caso de Rosa Díez? ¿Lo recuerdan? Éste es aún más gráfico y paradigmático que el de Asunción. Sobre todo si pensamos que dicha dirigente política nunca ha dejado de defender los postulados clásicos e históricos del PSOE, habiendo sido éste —por obra y gracia de su Gran Demiurgo Rodríguez Zapatero— quien los ha abandonado y se ha puesto a favor del viento para escorarse en una dirección que ha trastocado por completo el equilibrio político en nuestro país.
Así pues, lo que en un lado del espectro ideológico es "disidencia", pasa a ser "traición" en el otro.
Pero volvamos a lo de Álvarez Cascos. Su problema, como antes el de otros muchos líderes —me vienen ahora a la memoria los de Paco Camps o Miguel Sanz, pero podríamos tomarlos de otros partidos también—, encuentra justificación y acomodo en el nefasto sistema de organización territorial que padecemos los españoles desde la Constitución de 1978. La tontuna generalizada, la miopía creciente, el egoísmo personalista y el divismo desaforado que imperan entre la mayoría de nuestros políticos —cada vez más mediocres en mayor número de partidos— se ven potenciados, además, por el insostenible, voraz e insolidario sistema autonómico que ha ido creciendo, como un maligno tumor, en las vísceras del Estado-nación. Sistema gracias al cual se favorece el surgimiento de minúsculos feudos de poder regional disgregador y la inflación de gigantescos egos personales que se hallan en relación inversamente proporcional a la valía de quienes los ostentan: es decir, cuanto menos (valgo), más (me creo).
Más jacobinismo centralizador y menos centrifugismo territorial es lo que yo propongo (aun a sabiendas de que no está de moda, ni mucho menos, decir esto, y de que el tinglado se ha hecho tan complejo que resultaría dificilísimo desmontarlo. Pero si lo consiguiéramos, no duden ustedes de que íbamos a ahorrarnos no sólo una buena cantidad de euros o más de un grave disgusto proveniente de los nacionalistas, sino también el lamentable espectáculo de este divismo político periférico.
Y entretanto, el de la Moncloa —como el rabo de una lagartija, más que como el Ave Fénix— seguro que es capaz de aprovechar esta coyuntura y las que hayan de venir para coger fuerzas, "regenerarse" y enderezar un tanto esas encuestas adversas que le recuerdan, como al general romano vencedor, que Él también es mortal.
Nada podrá evitar ya la decadencia del Gran Demiurgo, pero es indudable que de aquí a marzo del 2012 el PP terminará consiguiendo que aquélla sea mucho más dulce... Y es que con tal de contentar a todo el mundo, Mariano Rajoy y sus muchachos no saben ya qué hacer...
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* Como pueden ver desde el año 1996 las cosas no han cambiado demasiado.

3 comentarios:
Estoy de acuerdo en todo lo que dice, Alberich, pero hay matices.
El problema de la decisión de la cúpula del PP al elegir a Pérez-Espinosa en lugar de a Cascos, es que ignoró que los asturianos en su conjunto queríamos a Cascos como cabeza de lista.
Estamos hartos del stablishmen partidista de Asturias: una curiosa situación en la que hay un pacto entre los partidos, se reparten entre ellos las prebendas y canongías, más suculentas para los que mandan; pero nada desdeñables las del resto y todos son felices.
Queríamos un gestor, alguien que no diga «si bwana» a todo lo que diga Madrid por mucho que nos perjudique, alguien que trabaje duro y sea honrado, aunque nos caiga fatal y odiemos sus modales.
He hablado con gente de izquierdas que aseguraba que si venía Cascos, le votaría. Ahora Cascos ha formado un nuevo partido, se presenta y no sería raro que, como independiente, saque aún más votos que si se presentara por el PP.
Si se da ese escenario, si recoge los votos de los que no pertenecemos a ningún partido y de los desencantados de otras formaciones, será una gran suerte.
El PP asturiano va a llevarse una costalada muy importante y a lo mejor, la dirección nacional empieza a entender que no se puede ignorar a los votantes, al menos a los asturianos y tendrán que hacer algo con la taifa local que hemos sufrido. Buenas noches.
Pero querida Carmen, ¿cómo puede estar de acuerdo con todo lo que digo, si algunos de los argumentos que usted plantea en su comentario para matizarme son como una bomba en mi línea de flotación (y perdone usted la metáfora belicista) cargada, precisamente, con ese "particularismo" localista que yo denuncio en mi entrada?
Es que el problema, querida amiga, empieza ya desde el momento en que se diferencia entre votantes "asturianos", "madrileños", "catalanes", "andaluces", etc. He ahi el cáncer que, precisamente, ha introducido en nuestro país el sistema autonómico. Se favorece el sentimiento "anti-Madrid" --que, en el fondo, es un sentimiento anti-centralista-- con argumentos como el de "no estamos dispuestos a que nos digan esto o lo otro desde Madrid". ¿Pero no somos todos lo mismo? ¿No deberían guiarnos los mismos intereses? ¿No debería ser un gobierno central --y únicamente él-- quien velase por las necesidades de todos los españoles en su conjunto? Mire el caso de Francia, por ejemplo. Y no le va tan mal ciertamente. Pero en España, con el actual sistema autonómico todo esto no es posible, de modo que se favorecen un centrifugismo y un sentimiento localista muy negativos... Y eso es lo que yo critico.
Ahora Cascos --otro político más que ha querido ejercer de señor feudal en su tierra natal-- se cabrea (no digo yo que no tenga parte de razón, así como el apoyo de una buena parte del electorado asturiano), y amenaza con abrir un cisma en su antiguo partido, creando otro que, me temo, tendría un marcado carácter "asturianista" (única forma de poder diferenciarse del PP). Y llevado por la inercia de las cosas y los intereses electorales, hasta sería posible que le terminásemos viendo defender el uso del bable como lengua cooficial. No sería el primer miembro del PP que hace patochadas semejantes (mire usted lo que ocurrió en Baleares durante los años de gobierno de Matas)...
Por otro lado, y aunque reconozco no estar tan al día en este tema como usted, al parecer la dirección nacional del PP --que es la única capacitada para decidir quién es candidato en una lista, no lo olvidemos-- le ofreció a Cascos encabezar ésta, pero acompañado de personas que también gustaban en Madrid (como dice usted). Y el "salvaje" astur se negó en redondo, pues deseaba "laminar" a todo el sector del que forma parte Pérez Espinosa. Y es que, al parecer, a Álvarez Cascos no le satisface ahora lo que él mismo aplicó cuando era Secretario General del PP: imponer su voluntad desde Madrid. En todo caso, si no se está de acuerdo con que sean las cúpulas centrales de los partidos quienes controlen a los candidatos, habrá que cambiar la ley, pero no saltársela o poner en duda legitimidades. Y la dirección del PP está legitimada para hacer lo que ha hecho.
En fin, amiga Carmen. Creo que esto no tiene solución (y ya lo digo en mi entrada).
Un cordial saludo.
No existe esa diferencia entre votantes asturianos, vascos... Todos aspiramos a lo mismo: que los partidos políticos de todo el arco ideológico nos ofrezcan cabezas de lista solventes, con experiencia, razonable honradez y un currículum que nos ofrezca, al menos, garantías de que saben lo que se traen entre manos.
Todas las comunidades autónomas compartimos el drama de que somos rehenes de los partidos políticos, que premian los servicios prestados por los más sumisos con los puestos más destacados en las listas. Les importa un rábano que sean incompetentes totales.
Un político no puede crear riqueza; pero es el que tiene en su mano las herramientas para que se genere riqueza. Un político no puede restaurar la autoestima de los ciudadanos; pero puede ilusionarles y ofrecerles esperanza con el éxito de las medidas que tome, traducido en incremento de la productividad, creación de empresas, capacidad de absorción de la mano de obra más cualificada en el tejido empresarial local.
Ovidio Sánchez era la persona más incompetente, vaga e inútil cuando era el Abogado del Fondo de Compensación de Seguros. Doy fe de que llegaba a los juicios preguntándonos a los abogados de la parte contraria de qué iba la vista. Excuso decirle el resultado de la información que recibía.
La nueva propuesta: Pérez-Espinosa, es para llorar y no parar. Las probabilidades de que desarrolle un programa de reformas, reestructuración y frenado de las políticas de las comunidades limítrofes, en especial de Galicia, que tiene en su punto de mira la anexión de la franja que hay entre el Navia y el Eo es tan probable como que nos toque la lotería a todos los asturianos.
No somos una excepción. La mayoría de las Comunidades se ven obligadas, como nosotros, a elegir entre lo peor y lo menos malo.
No hay hecho diferencial, Alberich. Hay una triste, deprimente, aplastante comunión en todo el país en un problema compartido: somos rehenes de los partidos. Así nos va.
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