viernes 21 de enero de 2011

El mundo como voluntad y... Pues eso, como voluntad




Con ese derroche de voluntarismo tan característico de la socialdemocracia que ocupa el poder en nuestro país —ejemplificado de manera paradigmática en la idea que José Luis Rodríguez Zapatero tiene de la economía (se trata de un estado de ánimo, ¿recuerdan?)— el Ministro de Fomento ha dado su receta para contribuir a la recuperación del sector inmobiliario, la cual se resume en la siguiente idea: es necesario que todos los españoles (y españolas, claro) compremos un piso.

«Yo, en todo caso, a quien quiera comprar una vivienda le animo a que la compre —dijo en una entrevista concedida a Julia Otero el pasado martes—. Yo creo que es un momento óptimo. Contribuiría, teniendo que comprarla, a resolver problemas que tenemos entre todos, como es, precisamente, un exceso del stock de viviendas que cuanto antes liberemos, pues mejor será para la economía de nuestro país. Eso repercutirá en que pueda fluir mejor el crédito... En definitiva: yo animo a la gente a que compre viviendas».

¡Acabásemos! ¡Se va a quedar calvo don José! Si sobra de algo, pues lo compramos y listo. Además, así demostramos nuestra solidaridad. Ya ven ustedes, como si el mero hecho de expresarlo y quererlo bastara, por sí solo, para que el deseo se convierta en realidad. Adolescentismo, puro y duro.

Claro que hay miles de ciudadanos (y ciudadanas también, por supuesto) que están deseando cambiar de vivienda. Claro que desean fervientemente mejorar su situación personal. Claro que ansían prosperar. En eso estamos todos de acuerdo. Pero el problema es que la ecuación planteada por el ministro, de manera simplista, es tramposa y se nos ofrece incompleta, pues no sólo invierte el orden lógico de las responsabilidades —al atribuir a los españoles la capacidad de facilitar la fluidez de un crédito que no tenemos y cuya concesión corresponde únicamente a los grandes responsables de la crisis (esto es, las entidades financieras)—, sino que además se ha olvidado de mencionar, precisamente, la variable más importante: aquélla que no depende de la buena voluntad de los ciudadanos, sino de un Gobierno que con su política y con sus medidas económicas tendría que haber facilitado ese proceso de consumo tan deseable. Y en este campo de lo inmobiliario, me temo, la actuación del Ejecutivo ha sido tan inoperante como en otros muchos ámbitos de la esfera económica.

¿O que ha hecho el Gobierno de Rodríguez Zapatero para facilitar la fluidez del crédito (causa fundamental del estancamiento inmobiliario y que, según Blanco, deberíamos favorecer los españoles gastando nuestro dinero)? ¿Acaso adoptó las medidas pertinentes para garantizar que el gran aval concedido a los bancos y cajas de ahorro —con la anuencia del principal partido de la oposición, recordémoslo— iba a servir para facilitar ese proceso? ¿No se nos dijo entonces que todo se mantendría en un absoluto secreto para no perjudicar a unas entidades financieras que utilizaron dicho aval para sanear sus cuentas y que ahora, después de haberse reestablecido con nuestro dinero, encima nos niegan el crédito? ¿Qué se ha hecho durante estos últimos siete años para intentar atajar la sangría de un paro insostenible que ralentiza gravemente el consumo y aniquila el proyecto vital de millones de personas? ¿Qué decisiones se han ido adoptando para evitar todos estos males, desde que en el año 2007 empezaran a apuntar por el horizonte los primeros síntomas de peligro?

Por otro lado, la declaración del ministro demuestra una falta tan considerable de sintonía con la realidad social y con los problemas cotidianos de supervivencia que la mayoría de los ciudadanos están atravesando en la actualidad que resulta pasmosa. ¿Cómo va a comprar la gente piso  —la gente normal, la de la calle, no los especuladores y los políticos, que incluso aprovechan esta coyuntura económica para obtener mayores beneficios y redondear sus personales patrimonios— si muchos de ellos carecen, incluso, de trabajo, y cuando lo tienen, en muchas ocasiones, éste no es estable?

En fin, Serafín. Nuestro Gobierno es la némesis y la antítesis de Schopenhauer y su pesimismo. Aunque por voluntad, que no quede...

6 comentarios:

Carmen Quirós dijo...

Magnífico análisis, Alberich. Blanco: la levedad de la razón.

balsera dijo...

Querido Alberich cuánta razón tiene.

Los políticos profesionales, como Sr. Blanco, viven en una burbuja que levita literalmente sobre nuestra realidad. Lo mismo les pasa a los liberados sindicales, por cierto.

Así pues, desde esa burbuja "optimista y surrealista" analizan las estadísticas meando fuera del tiesto, por supuesto.

Según los agentes inmobiliarios -en respuesta a los últimos datos del INE sobre el crecimiento de la venta de pisos- lo que en realidad crece es la dación en pago.

La dación es la alternativa legal que le queda al ciudadano de a pie ante el desahucio o la pobreza más absoluta. Situación que conllevaría dormir en la calle o en la cárcel.

Cada día atiendo a personas - en paro- que vienen a buscar certificados que acrediten su situación habitacional para así solicitar o mantener esos míseros y humillantes subsidios estatales.

Es una vergüenza y un insulto a la inteligencia las declaraciones del Ministro. Declaraciones hechas desde una burbuja de privilegios intocables.

Es desesperante tanta vanidad, tanta soberbia, tanta ignorancia, tanta indiferencia, tanta incompetencia... No puedo con esto, don Alberich. Me consume.

charneguet dijo...

Lúcido analisis. No se queda atras el de Balsera. A mi me retrotrae a los albores del capitalismo que se desarrolló en España. Y es que un capitalismo que no genera consumidores, hace que la máquina se atasque constantemente. No se trata de de vender un producto al maximo precio y pagar al productor el minimo salario posible, como es la norma, sino de todo lo contrario...vender lo mas barato posible y pagar el maximo a los productores, precisamente para que esos productos se puedan vender. El circulo virtuoso del capitalismo. Los americanos lo supieron aplicar muy bien y su desarrollo fue espectacular. En Europa, los excesos de la clase empresarial, fueron suplidas por potentes politicas sociales...ayudas economicas para vivienda, hijos, estudios, transporte, desempleo, formacion, etc...unos enormes gastos, aparentemente inasumibles, pero que no es asi, porque son recursos frescos, para el consumo, que se inyectan continuamente en el circituito productivo y económico de todos esos paises, dinamizando de manera permanente sus economias...Los resultados estan a la vista: Paises ricos, Europa, pais pobre, España...
El sr Blanco, es que ha salido poco, se nota a la legua

Alberich el Negro dijo...

Muchas gracias, amigos míos, por enriquecer con sus comentarios este humilde blog, que intenta mantenerse a flote, pese a las múltiples ocupaciones de su responsable. Sus palabras, sus opiniones, su mera presencia, me animan a seguir.

Un saludo afectuoso a los tres.

KEPA MINONDAS dijo...

Buenas.

Fué la cerril negativa del gobierno a adoptar medidas de control de la locura inmobilaria la que provocó que el estallido de la burbuja haya sido tan destructor como ha sido.

El que el Sr. Blanco pretenda reanimar con declaraciones una demanda casi inexistente y carente ademas de finanaciación entra en la categoría de lo patético.

Alberich el Negro dijo...

Salud, Kepa Minondas. Gracias por su visita y por su opinión.

Aunque el apelativo que yo le aplicaría al intento de Blanco es "esperpéntico", más que patético. Como esperpéntica ha sido esta última legislatura y, en general, el sexenio zetaperil.

Lo dicho, amigo: saludos (desde el Nibelheim, por supuesto).